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domingo, 8 de enero de 2017

En Blanco y Negro. Las Aves de la Foz de Ramallosa (II)

    Entre las pocas cosas que tengo claras está la vocación naturalista que he sentido desde chaval y que me ha llevado a dedicar todo el tiempo que puedo a estar al aire libre, en contacto con la naturaleza, porque ahí me encuentro muy a gusto.
    Desde que me compré la cámara, hará aproximadamente siete años, la he dirigido a todo lo que me gustaba, mi familia incluida y, fruto de esa devoción, me encuentro en posesión de un montón de minutos de pájaros, entre ellos las veintitantas especies que son objeto de esta mini serie que empecé hace más de mes y medio con el título “Las Aves de la Foz de Ramallosa”.
    Llevar a cabo esta idea me ha supuesto organizar mínimamente mi material, ordenando las especies según lo que tenían en común. En la primera parte agrupé a marinas y acuáticas. Para esta segunda, sin embargo, he elegido cinco que poco más tienen en común que el ser aves ordinarias, fáciles de ver por su relativa abundancia y por ser menos esquivas que la mayoría.
    Son negras, del todo,




domingo, 13 de noviembre de 2016

Las Aves de la Foz de Ramallosa, Nigrán. (I)

Los que por afición nos dedicamos a esto de curiosear las vidas de los pájaros solemos, como es natural, tener una zona propia en la que de forma preferente, que no exclusiva, realizamos nuestras observaciones.

Yo, que podría haberme dedicado a Vigo, donde de hecho centré mi colaboración con el "Atlas de las Aves en Invierno en España. 2007-2010" de SEO BirdLife, suelo sin embargo pasar más tiempo en la Foz de Ramallosa, Nigrán, ya que es allí donde trabajo.

Llevo haciéndolo varios años y aunque debo confesar que podría haber acumulado un montón de datos ya, de haber sido más riguroso, ordenado y constante,  lo único que he sacado de ello, a parte obviamente de una experiencia nada desdeñable, es una modesta colección de videos realizados por mi, con mi cámara de aficionado que, revisada al cabo de este tiempo resulta ser bastante ilustrativa de lo que de forma más o menos habitual se puede observar en esta pequeña marisma que forma el río Miñor al desembocar en la bahía de Bayona, entre Monte Lourido y la playa de Ladeira, a cuya barra de arena poco le falta para convertir la Foz en albufera.


lunes, 24 de octubre de 2016

Cuidado con las ventanas


Muchas son las formas de disfrutar de la naturaleza, y todas buenas, con tal de que se le mantenga el necesario respeto y cariño. Por ejemplo, se puede aprender mucho mirando sin más por la ventana. 
Aunque vivo en una zona bastante céntrica de Vigo, tengo la suerte de que algunas de mis ventanas tienen acceso a las idas y venidas de los pájaros del vecindario, así que no pocas veces me permito el lujo de curiosear las aventuras de carboneros, currucas y verderones, sentado cómodamente en el sofá de mi salón. También soy espía asiduo de las gamberradas y abusos de las urracas sobre los mirlos, de los amores de las palomas, los fracasos reproductivos de las gaviotas y de las trifulcas de los vencejos que casi todos los días del verano me despiertan con sus estridentes chillidos.
Las ventanas del instituto son también ocasión de no pocas observaciones y anécdotas, y eso que desde que se terminó de construir el parque empresarial de Porto do Molle, la cantidad y densidad del arbolado en la zona han quedado reducidas a menos de la mitad. 
Desde la de mi despacho aún me regalo cada mañana, o lo intento al menos, con las evoluciones de gorriones, colirrojos, chochines… 
En una de esas, este último mes de julio, tuve la alegría de ver al gavilán, la versión a escala menor del azor del que hablaba en mi última entrega, hace ya más de un mes. Aprovecho, por cierto, para disculparme por este involuntario parón. Era un ejemplar juvenil -se le conoce por su color más parduzco por arriba, y por el diseño barrado, más basto y de tonos rojizos por abajo. 

miércoles, 21 de septiembre de 2016

El Pirata de la Espesura

      Desde siempre he sentido especial predilección por el azor (Accipiter gentilis), una de las rapaces más fascinantes que tenemos, y aunque no me sobra ninguna de las sesenta y cinco especies -entre diurnas y nocturnas- que cazan en Europa, el “pirata de la espesura”, como lo bautizó Félix Rodriguez de la Fuente, ocupa un lugar especial en mi corazón plumífero.
     Llama la atención la increíble agilidad con que se mueve por el bosque poblado de obstáculos que es su medio habitual. Muchos de mis alumnos han visto un video de la BBC donde, de forma muy gráfica, se evidencia esta sorprendente destreza.

 

jueves, 8 de septiembre de 2016

¡Uf, qué calor!

Este verano al que estamos a punto de dar el finiquito, va camino de registrar temperaturas record, igual que pasó en 2014 y 2015. De hecho, los seis primeros meses de 2016 hemos alcanzado ya las temperaturas más altas en décadas.
    Lo he leído en un par de artículos de El País Digital sobre el calentamiento global. El primero, de abril de 2015, lo firma Javier Sampedro. El segundo, escrito por Amanda Mars, es de este pasado mes de Agosto. Ambos se basan en sendos informes de dos organismos norteamericanos, el National Snow and Ice Data Center (NSIDC) y la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), respectivamente.
    Entre los dos, y sin haberse puesto de acuerdo, cuentan la historia que ya os estaréis imaginando.
    Resulta que lo del calentamiento global es bastante más serio de lo que parecemos estar dispuestos a aceptar, que la subida desbocada de las temperaturas y el consiguiente aumento del deshielo que se produce todos los años en primavera y verano, son ya una verdad incómoda -en frase de Al Gore- científicamente probada.
    La protección que proporcionaba el Ártico, permanentemente helado, se está derrumbando sin remedio. La enorme extensión del hielo y las nieves perpetuas controlaba las temperaturas, al rebotar, como en un espejo, la mayor parte de la radiación solar.
    Igualmente, toda la materia orgánica -animal y vegetal- congelada desde hacia millones de años en los suelos permanentemente helados de las regiones árticas, está empezando a quedar expuesta a la acción de las bacterias, que la descompondrán, permitiendo que cantidades ingentes de CO2 vayan a incrementar el efecto invernadero, contribuyendo a una subida aún mayor de las temperaturas, en un circulo vicioso de consecuencias nefastas.
    Vamos, que a este ritmo poco falta para que el casquete polar pase a ser un recuerdo del pasado y el océano ártico, aparte de convertirse en la nueva zona de paso para todo el tráfico marítimo entre América, Asia y Europa, sea pasto de la  ambición desmedida de los países que lo circundan, y de aquellos otros que, aun no siendo vecinos, sean lo bastante osados como para disputar a los residentes la pesca, el petróleo y todo lo que hasta ahora el hielo protegía.

lunes, 15 de agosto de 2016

Un Paseo por Monteferro

Con este verano tan sensacional que estamos teniendo (pocos años ha habido tan buena temperatura durante tantos días) se ha podido disfrutar de la playa bien a gusto. Incluso los que necesitamos pensarnoslo mucho hasta vencer la pereza del primer chapuzón, hemos mojado el bañador dos veces cada día como mínimo.
    Sin embargo, el último domingo de Julio me apetecía cambiar de plan y, dejando el libro y la sombrilla en el coche, me colgué los prismáticos del cuello y me dirigí a la última playita por el lado izquierdo de Patos, la playa de Abra, desde donde pensaba que podría adentrarme en Monteferro.
    En plena temporada veraniega no es buena idea meterse en una playa con los prismáticos en ristre. Más de una movida he tenido ya por esto. La gente es muy dada a pensar mal.
    Una vez, en Girona, en Platja d’Aro, cerca de Palamós, quise aprovechar para hacer una ruta modesta que partiendo de la playa remontaba la costa. La vuelta era por una pequeña sierra litoral que, con su mayor altura, permitía disfrutar la perspectiva completa de la zona.
    Fui solo. Como me sucede habitualmente, mi familia se quedó disfrutando de la playa. Con mis irrenunciables prismáticos siempre al alcance de las manos, estaba dispuesto a no perderme ni un solo bicho de los que la suerte me plantara delante.
    Siguiendo sin más el camino, me encontré en una playa, nudista por más señas. Os podéis imaginar el bochorno. Aceleré por abreviar lo más posible aquel momento incómodo, aunque desde luego la situación era más digna de tomársela a risa que de otra cosa. Nadie me dijo nada, pero estoy seguro de que los practicantes del naturismo playero se quedaron tan aliviados como yo cuando por fin dejé atrás aquella hermosa cala.